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Atravesáis la puerta de la derecha cautelosamente a causa del aviso. Hay tal oscuridad que no te ves la nariz y por eso encendéis las linternas, pero de poco os sirven porque a los pocos minutos se apagaron. Se han acabado las pilas y no tenéis re­puestos. Tenéis que ir tanteando el camino con las manos. Al cabo de unos metros veis que hay unos candiles encendidos, ¡menos mal! No es tan bueno esto de los candiles porque encontráis las paredes llenas de cadáveres de hombres ensartados con pin­chos. Deben ser rebeldes que querían destruir al brujo. Kara y tú vais delante del grupo y veis al­go tirado en el suelo, una llave y a unos pocos metros una puerta de hierro de la que salen unos ex­traños alaridos.


Coges la llave y abres la puerta, pasa a la 68
Avisáis al resto del grupo, pasa a la 59
Hacéis como si no la vierais, pasa a la 55