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Os unís a él y vais hacia el castillo, esquivando a los centinelas. Os paráis a descansar y reco­géis berzas de los arbustos. Entre ellos había uno extraño, parecía artificial. Lo remueves y se cae, descubriendo que tapa una trampilla. La abrís y bajáis por unas escalerillas. Habéis tenido suerte porque este pasadizo os lleva directamente al cas­tillo, pudiendo así evitar la vigilada muralla ex­terior. Una vez dentro tenéis que atravesar varias habitaciones, evitando a los soldados. Entráis en la Sala Real y descubrís al rey moribundo, agoni­zando. Antes de morir os dice:

“Quiero deciros que el maldito brujo ha sido el asesino que me ha cla­vado un puñal y ahora quiere hacer lo mismo a Kara y sacrificarla a su falso dios. Por favor, salvad­la…”

Hay una entrada secreta, que se encuentra detrás de unas cortinas que os lleva a un altar donde un viejo está a punto de clavar una espada a una hermosa joven. Rápidamente comprendéis la si­tuación. El brujo, al veros, empieza a lanzar ra­yos de energía por las manos. Mientras le distra­éis, Nik llega por detrás y le atraviesa el cora­zón con su espada. Kara se ha salvado y el reino podía volver a vivir en paz ahora que ya se había librado del demoníaco brujo. Nik se casa con Kara, […]


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