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La cueva está oscura y tenebrosa. Hace un vien­to gélido que provoca escalofríos. No podéis iluminaros con las linternas porque ya anteriormente se os acabaron las pilas. ¡Teníais que haber comprado alcalinas! Y así os duraban más, en vez de comprar las de a dólar en el rastro.

Bueno, sigamos con la historia.

La cueva está oscura y tenebrosa. Hace un viento gélido que provoca escalofríos…

¿Que es­to ya lo he dicho? Lo siento. Ha sido un fallo. Ahora en serio.

De repente encontráis un obstáculo infranqueable: un río de lava. No existía forma alguna de vadearlo, así que sólo os queda una op­ción, utilizar las armas mágicas. La espada no era la más indicada, el bastón de fuego tampoco, ¡Para qué! ¿Más calor? Sólo os quedaba el bastón de hie­lo. ¡Perfecto! Hank lo saca de su mochila y lo di­rige hacia el río. Al momento sale un rayo azul que empieza a enfriar la lava. A los pocos segun­dos cruzáis sobre ella tranquilamente. Después os encontráis con un gigantesco portón así que utili­záis la llave que os dio el anciano y abrís. Allí está el dragón dispuesto a mataros. Mientras esquivas su mortal cola y Kara y Hank disparan sus res­pectivos bastones, encuentras un punto flaco en su guardia. Empuñas fuertemente la espada y se la […]


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