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Te acercas a aquella débil, luz que sale de la pared cuando te caes por un túnel que hay debajo de ti. Éste te lleva a una rampa deslizante que después de un minuto de bajada termina en una galería. Otra vez en los túneles y lo peor es ¡que los demás no se han dado cuenta! Te contenta saber que el túnel no te mantiene dentro de la caverna, sino a una salida al exterior, a una jungla. De pronto oyes unos gritos. Te escondes detrás de un mato­rral. Aparece un animal, seguido por varios hom­bres con lanzas y hondas. Te figuras que debe ser una civilización menos desarrollada. Sigues un sendero que te conduce hasta un claro y allí te tum­bas para descansar un rato. Al mirar hacia el cie­lo, descubres una larga franja blanquecina, te frotas los ojos y vuelves a mirar. ¡Parece la estela de un avión a reacción! Después de todo pareces estar en tu civilización.

Cansado de vagar durante varios días por la selva, llegas a un poblado situado a orillas de un gran río. Cerca hay un aeropuerto y, al cabo de algún tiempo, logras volar a los Estados Unidos. Primero hasta Nevada y luego desde allí a Arizona. Por fin llegas a casa y vuelves a ver a tu familia exactamente un mes después de haber entrado en


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