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Después de vuestra mala suerte os desanimáis. Pensáis iros a casa e intentarlo otro día. Vol­véis a pasar por la cámara y llegáis a la entrada de la sima, donde os esperaban las cuerdas para trepar. Te sentías tan mal que cuando llegas arriba te resbalas y caes de nuevo al suelo. Menos mal que a la segunda vez lo consigues. Después de un duro camino con el calor del sol del mediodía llegáis al pueblo y os vais al bar a tomaros una Coca-Cola y trazar nuevos planes.


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