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Seguís el camino de dragones y andáis por las frías y oscuras galerías hasta que una claridad inunda el entorno. Habéis llegado a un lugar maravilloso, de aire puro, con todo tipo de flora y fauna. Allí continúan las siluetas de dragones que os condujeron hacia una pequeña casa, pareci­da a las pagodas japonesas. Llamáis a la puerta y al no contestar entráis. En el centro de la habi­tación veis a un anciano de aspecto oriental. Di­ce que os estaba esperando y conoce vuestra aven­tura. Os cuenta una historia:

“En la antigüedad existían los dinosaurios y otra especie, los dra­gones, que eran los que reinaban sobre la Tierra. Después llegó el período de extinción y las dos especies murieron. Todos no. Un dragón consiguió evadir la muerte ocultándose bajo tierra y al ca­bo de millones de años de sueño, había despertado con el único afán de volver a reinar sobre la Tierra. Vosotros sois los únicos que podéis impedír­selo”.

-¿Y cómo lo haremos? -preguntó Ben.

-Mediante armas mágicas que encontraréis en vuestro camino. Yo os entregaré una.

Os da una especie de llave, os alejáis de la casa y surgen dos opiniones.


Confiar en el anciano, pasa a la 18
Pensar que el viejo había esnifado mucho polen de las flores, pasa a la 54