Página 45

Continuáis vuestra marcha y os encontráis con un río de lava que atraviesa de lado a lado la gruta. No podéis hacer nada excepto, utilizar el bastón de hielo. Hank lo tenía en el macuto, lo saca y como si el arma tuviera vida reacciona disparando un haz luminoso azul hacía la lava. Ésta, al momento, cambia a un color más oscuro. ¡Se ha­bía solidificado! Aunque con mucho miedo, por si acaso, pasáis andando por encima de la lava sólida. ¡Que alivio cuando por fin lo atravesáis! Cuanto más avanzáis más oscuro y húmedo se hace el camino. El frío fue aumentando hasta que llegó a helarse la cueva. El techo y el suelo están llenos de estalactitas y estalagmitas de hielo que os dificultaban el paso. Otra vez os encon­tráis con un obstáculo, un gigantesco muro de hielo que cierra cualquier posibilidad de entrada. No podíais utilizar ni el hacha ni la espada por­que habría peligro de derrumbamiento, así que, sólo os quedaba el bastón de fuego. Kara lo saca y lo coloca en dirección al bloque de hielo. Como un rayo láser, el penetrante calor fue cortando el muro haciendo la abertura de una puerta, sin peligro de derrumbes. El bloque es bastante grue­so, de tres o cuatro metros de espesor y tenéis que […]


Continúa en la página siguiente