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[…] al nuevo lugar donde vivir. Pero, se encontraron con un grave problema, la reja metálica, estaba maldita, destinada a matar al que osase ponerse enfrente de ella. Para poder vivir construyeron la muralla, que de momento aguantaba”. Les preguntáis si existe alguna salida alternativa para po­der abandonar aquel lugar y os responden que no, sólo la principal. U os quedabais a vivir allí u os enfrentabais a la reja metálica. No os queda otra opción. Entonces James saca el hacha de su macuto y tú la espada. Cuando estáis preparados os abren las puertas y nada más salir las cierran. Estáis solos contra la reja, que ya inicia su em­bestida mortal. Tensáis los músculos, empuñáis fuertemente las armas y esperáis. Cuando llega el momento empezáis la carga. Las chispas brillan por el choque de los metales. Vuestras armas mágicas cortan lo que encuentran a su paso y la reja va cayendo en pedazos.

-¡Albert, cuidado! -grita James.

Te das la vuelta y ves como uno de los trozos se disponía a en­sartarte por la espalda. Rápidamente paras el ataque y lo destrozas. Después de una hora de lucha estáis exhaustos, con todo el cuerpo lleno de arañazos, pero, ¡vivos! Los hierros se encuentran […]


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