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[…] inertes a vuestros pies. Gritos de alegría se es­cuchan en el castillo. Os abren las puertas y una multitud sale a recibiros. Esa tarde descansáis. Mientras Kara te cura, empiezas a sentir una atracción y notas que ella también la siente. Aquella noche Kara y tú os vais a dar una vuelta por las almenas del castillo. Empezáis a hablar durante varias horas y al final, después de unos momentos de silencio, os besáis.

A la mañana siguiente preparáis vuestros macu­tos y los llenáis de víveres. Os despedís de los habitantes del poblado y como motivo de agradeci­miento os dan un objeto: “Es el amuleto y escudo de nuestro castillo. Llevadlo siempre y a noso­tros en vuestros corazones”. Os alejáis del pue­blo como héroes y os dais cuenta de que en el me­dallón hay un texto grabado pero no lo entiendes.
-Yo si lo comprendo -dice Kara-. Está escrito en una antigua lengua de nuestro reino.

-¿Que dice? -pregunta Hank con impaciencia.

-Los que posean las cuatro armas mágicas podrán obtener el poder del Escudo de las Tres Fuerzas y derro­tar a Jormungand.

-¿Y qué es Jormungand? -interroga Hank.

-Debe ser… el dragón que estamos buscando.


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