Página 5

Dejáis el agujero por si acaso y os ponéis en marcha, Kara no era un estorbo, ni mucho menos, pues eran sus tierras y las conoce mucho mejor que vosotros. Después de media hora de camino llegáis a una posada, donde os paráis a refrescaros y des­cansar. En cuanto reconocen a Kara, los que están allí se echan sobre vosotros creyendo que erais los secuestradores. Rápidamente interviene Kara que les explica lo sucedido. Un poco más y os lin­chan. Después de beber algo partís de allí. Vues­tra marcha es interrumpida por una tormenta y os refugiáis en la primera cueva que encontráis. En el interior hay un hada que, después de reponer nuestras agotadas fuerzas, os da una especie de bastón. Os explica que es mágico y que su poder convertía en hielo lo que tocaba. Cuando cesa de llover salís de la caverna y os metéis en un bos­que tan espeso que no penetra la luz del sol. Os encontráis con dos agujeros excavados en el suelo con escalerillas.


Entráis en el de la izquierda, pasa a la 36
Entráis en el de la derecha, pasa a la 52
Seguís por el camino, pasa a la 27