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Continuáis vuestro camino como si nada, pregun­tándoos que abría detrás de aquella puerta. El ca­lor va aumentando a cada Km. y os cansa casi sin avanzar. Pensáis que sería una fuente termal pero la lava que empieza a filtrarse deshaciendo el te­cho os hace cambiar de opinión. La lava os cierra la retaguardia y sigue avanzando hacia vosotros así que corréis todo lo que podéis. El aire va es­caseando y los pulmones parecen a punto de esta­llar pero si os paráis estáis muertos. La lava ya os alcanza, sobre todo a ti que vas detrás, cuando llegáis de frente a una pared de piedra. En ella hay una pequeña escalerilla de madera así que in­tentáis subir por ella para manteneros a salvo pe­ro, en cuanto se empieza a usarla Kara se deshace, ¡está completamente podrida! Tú, más atrasado que los demás, vas tan deprisa que no puedes parar e intentas apoyarte en el muro para frenar. ¡Qué golpazo te pegaste! No hay pared sino otra habita­ción y la atraviesas dando vueltas por el suelo. No sé por qué la lava no la atraviesa pero, ¡menos mal! Paráis, una vez que los otros también la atraviesan, a recuperar el aliento y a pensar en lo sucedido y porque por poco os habíais salvado de mo­rir abrasados. La habitación esta ricamente decorada, […]


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