Página 60

Avanzáis durante un tiempo interminable siguiendo a los dragones. Atravesáis diferentes parajes hasta llegar a un poblado que por su aspecto pare­ce de la edad del Cromagnon, con mentón prominen­te, bastante velludos y con la piel muy oscura a pesar de que nunca han visto la luz del sol. Os decidís a acercaros a ellos y descubrís que no son tan atrasados como creéis, sino rústicos, pero so­ciables y amigables. Como os entienden les contáis vuestra historia, el dragón y lo de las armas mágicas. Los Xax os dicen que habían visto un largo y afilado trozo de metal que brillaba mucho y lo ha­bían enterrado. Os dicen dónde y partís hacia allí rápidamente con uno de ellos como guía. Antes de iros os proveen de alimentos y agua, que ya os escaseaban. En cuanto llegáis al lugar, empezáis a cavar con los picos y las palas. Después de quince minutos, al golpear James, suena algo metálico. Lo limpiáis y descubrís que no es un trozo de metal corriente sino una gran espada que reluce como el sol. La guardas en tu mochila. Os despedís del guía y continuáis vuestra marcha. Los dragones os conducen hasta un desierto por lo que el camino se hizo más pesado. Hace un calor insoportable pero no se ve el sol por ninguna parte.


Continúa en la página siguiente