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La cueva está oscura, tenebrosa, lúgubre, con un viento gélido que llega hasta los huesos y pro­voca escalofríos. Tenéis que ir a tientas por la caverna por la oscuridad reinante y no podéis ha­cer nada al respecto, porque se os han acabado las pilas de las linternas. Estás palpando y notas al­go blando.

-¿Quién ha sido? -pregunta Kara.

-Lo siento, Kara -respondes. Te quedas un poco apesadumbrado pero en el interior te alegras, ¡me­nuda experiencia!

Un poco más adelante crece la claridad y veis como un grueso y altísimo árbol os bloquea el paso. La única solución es talarlo. James saca de su ma­cuto el hacha mágica e increíblemente de tres gol­pes cae el árbol. Realmente sí era mágica, porque James no tenía tantos músculos, ni Schwarzenegger. Continuáis vuestro camino y os encontráis con una gigantesca puerta. Sacáis la llave que os cedió el anciano, la metéis en una minúscula cerradura y con grandes chirridos se abre la puerta y aparece el último dragón dispuesto a mataros. Kara y Hank le disparan con sus bastones a la cara mientras James le ataca con el hacha. Parece que le ha dañado pero no, el dragón gira y con la cola desarma y […]


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