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Avisas a los otros e inspeccionáis la proceden­cia de aquella tenue luz. Os acercáis y descubrís que es una salida sólo que tapada con rocas por algún derrumbamiento. Os apresuráis a sacar los pi­cos para salir de allí lo antes posible. A la me­dia hora de trabajo conseguís abrir un agujero lo suficientemente grande para que podáis salir y así lo hacéis. Al salir os encontráis con un cielo nu­blado y un camino en el que existen unas pequeñas siluetas de dragón que os indican la dirección. Las nubes grises y la niebla dan paso a una lluvia persistente. Cada Km. que el grupo cubre parece calar más hondo la humedad en la carne y en los huesos. La senda cambia de dirección y se introduce entre los altos pinos de un bosque casi desprovisto de maleza y donde los propios árboles ofrecen cierta protección contra los aguaceros. Decidís descansar y buscar un lugar donde guareceros del frío y del agua. Encontráis una pequeña cueva. Encendéis una fogata y coméis y bebéis algo. Después de recupe­rar fuerzas salís al exterior. Durante el resto del día, avanzáis a lo largo del sombreado sendero, esta vez sin lluvia. Los dibujos de dragones os conducen al interior de una caverna donde os guía a través de túneles y galerías.


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