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Tuvisteis que hacer los preparativos el día an­terior. Ibais a realizar una excursión a una sima de un pueblo de Arizona. ¡Tranquilo! ¡Sólo es una broma! ¡Qué pronto te asustas!
Bueno, continuemos: la cueva es oscura, tenebrosa y fría, muy fría y no tenéis nada con qué abrigaros así que os enco­géis y os acercáis mucho. A los pocos metros, el frío pasa, pero viene una oleada de calor inaguan­table y os separáis y os quitáis las camisetas y las mochilas las lleváis en la mano para que den menos calor. Oís unos silbidos más adelante y avanzas esperando encontrar personas pero os encon­tráis en una cámara de cobras. Pero hay algo que no cuadra: todas se mueven al unísono y algunas desaparecen al acercarse a las paredes.

-¡Ya está! -gritas-. ¡Debe ser sólo una cobra rodeada de espejos que la reflejan cientos de veces!

-Pero, ¿cuál es la auténtica- pregunta James.

-Pues nada. A base de pedradas -prosigue Hank.

Cogéis unas cuantas cada uno y empezáis a lan­zarlas y a sonar a cristales rotos mientras las cobras desaparecen. Te acercas y con la espada cor­tas por la mitad a la auténtica. Seguís vuestro camino a través de uno de los cristales rotos y os encontráis con el dragón. Rápidamente se echa contra […]


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