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[…] vosotros pero le esquiváis. Es increíblemente veloz para su tamaño, sin embargo a pesar de eso, no os pilla. Os separáis para que así tenga más objetivos que perseguir, no obstante, estira su lar­ga cola y casi os barre a todos de un golpe. No paráis de correr de un lado a otro pero en un ligero error os quedáis todos arrinconados. No sabes qué hacer. Os va a matar. Entonces en un momento de terror le lanzas la espada y se la clavas en su úni­co ojo. Aunque no lo sabes, ése es el único punto vulnerable de un dragón, además de su corazón. Al cabo de unos segundos de chillidos, gritos y gruñidos, vacila, titubea y se desploma, provocando un gran estruendo. ¡Has acabado con él! Descansáis unos segundos y Hank comenta:

-Saldremos pronto de aquí, ¿no?

-Por supuesto que sí -respondes, aunque sabes perfectamente que nunca lo conseguiréis.

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