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Después de horas y horas caminando, atravesando diversos parajes, recorriendo el camino marcado por las marcas de dragones, estáis completamente agotados así que decidís dormir un rato. Pensáis en hacer unos turnos de vigilancia de dos horas cada uno. El primero le toca a James, el segundo a ti, el tercero a Hank y el cuarto a Ben. Cuando os acostáis, no puedes sacarte de la cabeza a Kara, pero al final te duermes.

-¿Hum?

-Albert, te toca hacer el turno. Vamos, despier­ta -te dice James.

-Vale, ya me levanto.

Aunque sin ganas lo haces y ves cómo James se mete en el cómodo y calentito saco de dormir.

Allí en la oscuridad pasas un tiempo intermina­ble. El aburrimiento, el cansancio y el sueño te vencen y caes en brazos de Morfeo.

Te despiertas y te vuelves. Los sacos, despeda­zados, están esparcidos por el suelo y hay varias manchas de sangre. ¡Tus amigos han desaparecido! La arena del suelo está revuelta como si hubiese habido lucha y tú, en cambio, ¡no te has desperta­do por el ruido! Y lo más importante: ¿Por qué han pasado de ti?


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