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Un día, mientras os encontráis en un bosque ves un pequeño jabalí, así que dejas a Kara atrás y sales en su búsqueda. Después de unos veinte minutos de persecución lo has acorralado. Sacas una flecha, la colocas, tensas el arco y en el momento de dis­parar oyes un grito y fallas. Corres hacia donde sonó el grito y te encuentras a Kara desmayada en el suelo. Levantas la cabeza y contemplas los des­cuartizados cuerpos de tus amigos y más allá el gigantesco monstruo asesino. Empuñas tu arco y co­mienzas a lanzarle flechas. Eso no lo detiene, se aproxima a ti y te da un zarpazo que te aleja de allí y te hace perder el sentido. Cuando despier­tas sientes una gran dolor, miras y ¡te falta el brazo izquierdo! “¡Aieee!” Mirás y el monstruo acaba de atrapar a Kara y la está despedazando.

-¡No! -gritas mientras el odio y el dolor te vuelven loco. Te levantas, coges una de tus fle­chas, corres, saltas y se la clavas en la cabeza. El monstruo aúlla de dolor durante unos momentos y luego cae muerto. Prácticamente arrastrándote por el suelo te acercas a la destrozada figura de Kara y gritas.

En esto surge una cortina de humo de olor azu­fre y una rojiza figura que te comienza a hablar.


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