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De repente te sientes mal, te entran sudores, todo te da vueltas y te desplomas.

Te despiertas. Miras el reloj. Son las 8:30, ¡vas a llegar tarde a clase! Te levantas, te vistes, colocas rápidamente los libros y sales corriendo hacia el colegio. Llegas por los pelos. Entras en tu clase, buscas tu asiento y te preparas para… ¡un examen de matemáticas! Lo habías olvidado por completo. Comienzas a leer el examen y no comprendes nada. Te pones nervioso, muy nervioso. Te duele la cabeza y te mareas. Entre la oscuridad ves algo. Un haz de luz se acerca a ti. ¡Es la espada mágica! ¿Espada mágica? ¿Qué espada mágica? Te recobras y miras a tu alrededor. Es la enfermería del colegio. Estás solo. Aunque aún te duele la cabeza te levantas y comienzas a caminar. Cruzas la habitación y te encuentras frente a un espejo. Lo que allí te encuentras no es tu reflejo sino una oscura figura que te observa fijamente. Retrocedes y de repente lo recuerdas todo y vuel­ves a estar en la cueva pero no está el resto del grupo. Notas un escalofrío por la espalda y te vuelves. Allí está la extraña sombra. Desenvainas la espada y cuando miras de nuevo la figura ha desaparecido.


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