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Notas su maléfica presencia y lanzas un tajo de espaldas. Lo único que has alcanzado ha sido el aire. Continúas golpeando hacia todos los lados y después de media hora estás agotado, te tambaleas, caes de rodillas y al final entras en un profundo sueño.

Cuando abres los ojos te asombras del lugar que te rodea. Estás en un frondoso bosque y está llo­viendo. Rápidamente corres a buscar refugio debajo de un gran árbol. Al momento cesa de llover y oyes algo, un susurro:

-Albert… Albert…

Miras en la dirección de la que proviene esa delicada voz y encuentras a una bella muchacha, que te invita a ir con su mano. Sin pensarlo te encaminas hacia ella. Al llegar, la encuentras sentada, de espaldas.

-Hola. ¿Quién eres?

La figura se da la vuelta y unos misteriosos y maléficos ojos rojos se clavan en los tuyos. Retrocedes y caes en un agujero. Desciendes durante va­rios segundos y al final te desmayas.


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