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Has vuelto a las galerías de nuevo, pero aún sigues estando solo. Allí están los dibujos de dragones indicándote el camino a seguir. Avanzas prudentemente con la espada en mano.

Después de caminar durante varios minutos lle­gas a una sala diabólicamente adornada, con gigan­tescas cabezas deformes y formas terroríficas. En lo alto de la sala, en un altar, se encuentra la misteriosa forma oscura lanzando conjuros y maleficios. Te ha visto y cambia el tono de sus palabras y cuatro cuerpos esqueléticos salen de debajo de la tierra y se encaminan hacia ti. El terror que sientes te vuelve loco y te lanzas ferozmente con­tra las espeluznantes figuras destrozándolos con tu espada. De repente, una voz te retumba en los oídos. Te das cuenta de que es el brujo de Wundagore.

-Ahora, ha llegado mi venganza. Observa las con­secuencias de tus actos -te dice mientras señala con su mano detrás de ti.

Con desconfianza te giras y descubres el horror de ver cuatro seres humanos destrozados. Hank, Ja­mes, Ben y, ¡Kara!


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