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[…] puedes andar con normalidad. Reemprendéis la aventura. Al cabo de media hora de aburrido camino os extra­ñáis al encontrar un gigantesco portón que os blo­quea el paso. Intentáis empujarlo entre todos pero es inútil, no se mueve ni un milímetro. Desanima­dos os dais la vuelta y decidís volver a casa, pe­ro justo antes de que empecéis a caminar oís un potente chirrido detrás vuestro. ¡La puerta se está abriendo! Después de dos largos minutos la puerta lo suficientemente abierta para que podáis entrar. Lo hacéis cautelosamente y llegáis a otro lugar en el que la oscuridad os impide ver vuestros alrede­dores pero vislumbráis una zona iluminada a lo le­jos. Lentamente, teniendo que palpar para poder avanzar vais andando hacia la claridad. Por fin llegáis allí y lográis ver lo que os rodea, pero lo que veis no os agrada. Una gigantesca bestia con un aspecto parecido al de los dragones aguarda vuestra llegada para preparar una buena comida. Rápidamente giráis y corréis de nuevo por la zona oscura hacia la puerta que encontráis cerrada. No os queda más opción que enfrentaros al monstruo. Sa­cáis las palas, los picos y todo lo que podéis utilizar como arma y os encamináis de nuevo a la luz. De repente oyes un repentino alarido que te pone […]


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